18/03/2017 15:57:24
CIERRE DEL AGUJERO DE LA CAPA DE OZONO PODRÍA IMPLICAR EL DERRETIMIENTO PROGRESIVO DE LA ANTÁRTICA
“El asunto con el agujero de la capa de ozono es ampliamente conocido, el cual provoca un aumento significativo en la radiación ultravioleta, pero además de aquello, el ozono también cambia el clima en las zonas circundantes al continente antártico, no solamente en la zona subantártica sino que prácticamente en todo el hemisferio sur”,
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El agujero en la capa de ozono es un fenómeno que tiene su mayor incidencia en la zona de la Antárticas y que fue descubierto en la década de los 80, cuya apertura se atribuyó al aumento de la concentración de cloro y de bromo en la estratósfera debido a las emisiones antropogénicas de compuestos químicos, como los clorofluorocarbonados (CFC) que se utilizan como fluidos refrigerantes industriales, propelentes y fungicidas. En dicho contexto, más de 150 países firmaron el 16 de septiembre de 1987 el Protocolo de Montreal, comprometiéndose a reducir a la mitad la producción de CFC en un periodo de 10 años, siendo readecuado cada cierto tiempo.

De esta forma, los científicos del mundo han ratificado que esta anomalía, que se extiende aproximadamente entre los 15 y los 50 kilómetros de altitud, ha provocado durante las últimas décadas una serie de modificaciones climáticas en el hemisferio sur del planeta, lo cual se ha manifestado en la escasez de lluvias en ciertos sectores, como también en un aumento sostenido del viento en las latitudes que abarcan la zona austral del continente americano.

En este trasfondo nació la preocupación de estudiar los efectos que esto ha implicado, como también las consecuencias que se proyectan o estiman a largo plazo ante un eventual cierre de aquel agujero. A raíz de dicha situación, un equipo de investigadores del departamento de Física de la Universidad de Santiago (Usach), liderados por el académico Raúl Cordero, ejecutan un proyecto científico denominado Antarctic Research Group, en la isla Rey Jorge, a más de dos mil kilómetros de Punta Arenas, asentándose durante la temporada estival (de noviembre hasta marzo) en una plataforma de mediciones atmosféricas, cuyo propósito es monitorear los efectos del cambio climático que van de la mano con lo que acontece en la capa de ozono.

La pequeña estación está ubicada a 250 metros de la base Profesor Julio Escudero del Instituto Antártico Chileno (Inach), en villa Las Estrellas, y opera desde abril del año pasado, aunque el grupo lleva trabajando aproximadamente seis años en diferentes proyectos asociados al continente blanco, así como también han tenido que trasladarse hacia la Estación Polar Científica Conjunta Glaciar Unión, localizada a 1.080 kilómetros de distancia del polo sur, donde también se efectúan mediciones.

“El asunto con el agujero de la capa de ozono es ampliamente conocido, el cual provoca un aumento significativo en la radiación ultravioleta, pero además de aquello, el ozono también cambia el clima en las zonas circundantes al continente antártico, no solamente en la zona subantártica sino que prácticamente en todo el hemisferio sur”, explica el profesor.

Asimismo, detalla que en las últimas cuatro décadas, este fenómeno ha sido el agente principal del cambio en el clima de la zona, efecto que se ha evidenciado notoriamente tanto en las precipitaciones, como en la nubosidad y el viento.

“Ha habido una modificación en los patrones de las precipitaciones, esto último se ha notado en el sur de Chile, en el aumento de las lluvias entre las latitudes cercanas a Punta Arenas, y una disminución significativa de un 7% por década en la latitud cuarenta, alrededor de Puerto Montt. A su vez, entre Puerto Montt y Punta Arenas ha habido una disminución del viento, en cambio entre Punta Arenas y la isla Rey Jorge se ha notado un aumento. Es una tendencia que se ha dado, por lo que cambian los vientos, la nubosidad y las precipitaciones”.

En total son diez las personas que integran el grupo de investigación, quienes desarrollan los sondeos utilizando equipos espectroradiómetros, instrumento que permite determinar la columna total de ozono y de radiación UV.

Progresivo cierre del agujero

No obstante, el asunto que más preocupa en los informes que se han obtenido en los últimos años concierne con el eventual cierre del agujero en la capa de ozono, estimando en la comunidad científica un plazo aproximado de entre 30 a 40 años para que esto ocurra. A pesar de que hace algunas décadas se pensaba que este fenómeno podía haber causado grandes impactos negativos en la zona austral, lo cierto es que, tal como fue mencionado anteriormente, ha implicado consecuencias en precipitaciones, nubosidad y viento, aunque en cuanto a las temperaturas la situación no ha tenido la misma suerte que el extremo norte del planeta.

“En el Artico no hay agujero de ozono, por eso que allá el clima ha cambiado mucho pero no debido a la depleción en la capa, no hay un cambio inducido a causa de esta manifestación. Los cambios que se han apreciado en el hemisferio norte son a raíz de otros factores como la contaminación. Gracias a las medidas que se tomaron con el Protocolo de Montreal, que entró en vigencia a fines de la década de los 80, el agujero ha comenzado a cerrarse, y este proceso de cierre es largo y podría todavía tomarnos varias décadas, entre cuatro a cinco, donde este fenómeno continuará presentándose. Así como cuando se abrió, provocó modificaciones en el clima, ahora que se va a cerrar también inducirá alteraciones climáticas. Por eso es muy importante, para los países como Chile que se han visto tan afectados, monitorear el proceso de cierre”, aseguró.

El profesor Cordero aclara que aún no está claro si los cambios serán positivos o negativos, por lo cual destaca la relevancia de todas estas mediciones y estudios que se efectúen al respecto.

“Respecto a lo que sucederá ahora, es que el agujero se va a cerrar, lo cual podría alterar el clima del hemisferio sur, pero además lo que sí va a provocar es que la Antártica se comience a calentar más rápido, pero precisamente el hecho de cómo va a afectar al resto de la climatología acá aún no está tan claro y eso hay que estudiarlo, pueden ser positivos o negativos, pero todo eso hay que monitorearlo. Lo que siempre hay que recomendar es que las investigaciones científicas climáticas son de largo aliento, eso significa que todos los fenómenos que están presentes ocurren en una escala de tiempo larga, lo que implica que el estudio de aquellos requiere apoyo a largo plazo”, precisó.

Escasez de proyectos de trascendencia global

En el mismo contexto, el director del Instituto Antártico Chileno (Inach), José Retamales indicó que a pesar que el Programa Antártico Nacional que impulsa la institución ha crecido considerablemente, todavía hay pocos proyectos o iniciativas que tengan un impacto y trascendencia global que al mundo, afirmando que preferentemente llegan solicitudes de otros países para colaborar en aquellas investigaciones.

“Chile tiene 93 proyectos hoy en día, pero muchos de ellos son para resolver problemas puntuales o algún tema en específico, no así como estar viendo el comportamiento de la atmósfera, cómo éste puede contribuir al calentamiento global y las consecuencias que aquello pueda tener, como por ejemplo una gran disminución en los últimos años de las lluvias en el Archipiélago de Chiloé. El proyecto del profesor Raúl Cordero, es uno de los pocos en los cuales nosotros observamos el gran interés que existe y no hay muchos ejemplos así en el país como el que él está llevando a cabo. Inglaterra se ha acercado para colaborar al igual que Estados Unidos, lo cual es un número pequeño pero importante de iniciativas enfocadas en esta misma razón de que Chile, a pesar de ser un pequeño país, tenemos esa cercanía con la Antártica podemos hacer un aporte a un tema tan relevante como el aumento del nivel de los océanos, algo que nos puede afectar en la vida diaria en un tiempo no tan largo”.

-¿Cree que a Chile le hace falta este tipo de proyectos científicos, considerando que próximamente tendremos un ministerio de Ciencia y Tecnología?

-“Sí, y siento que hemos logrado el objetivo que perseguíamos hace diez años, cuando yo asumí la dirección de Inach, que era que esta cercanía al continente antártico se convirtiera en una oportunidad para Magallanes y para Chile. No podíamos hacerlo solamente con los científicos de la región, sino que había que convocar a la comunidad nacional científica para que se involucrara en la Antártica y eso ha tenido resultados positivos con distintas universidades. No es común que en Chile estemos haciendo investigaciones que tengan impacto mundial y que preocupen al planeta. Eso ayuda no solamente a la ciencia, sino que hay que entender que somos un país que vive de lo que exporta y aquellos que compran nos colaboran con una sonrisa más amplia si es que lo hacen con un país que está ayudando a resolver diversas problemáticas medioambientales a nivel mundial”.

Roberto Martínez Arriaza

rmartinez@laprensaaustral.cl


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